Advertí, perverso de atravesar muros, que todos somos en algún momento paranoicos. Hoy salí a la mañana con el pulso acelerado escapándome de mi, hacia una segura parada de colectivos, cuando me di cuenta había tomado el que mas larga me la hacia hasta mi casa. Primero pisar con los pies fríos, después continuar con un monólogo a mi mismo del hambre que eh estado acumulando y de la desesperacion de soledad que encuentro a cada cuadra progresada, no sólo es la cuenta regresiva de mi vida, sino que también me acobardé cuando me ofrecieron resolver todo dando vuelta la revista.
No nieto.
No hijo.
No sobrino.
Solo un pedazo de vicios sin resolver y que asegura, en su vejes, tener dolores de piernas crónicos.

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